miércoles, 26 de junio de 2024

ENFERMEDAD Y VIDA SOCIAL

 

Las enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson no solo afectan a la persona que la padece, sino que la sufre todo su entorno. El enfermo y sus familiares recorren juntos un camino largo y complicado que implica adaptarse a múltiples cambios a medida que los síntomas van avanzando.

Se trata de enfermedades que afectan de forma global a la persona, viéndose alterados aspectos cognitivos, funcionales, físicos, psicológicos, sociales e incluso laborales.

Es frecuente que la esfera social de nuestra vida sea la primera “sacrificada” cuando una enfermedad de estas características aparece en la familia. Se abandonan aficiones, se reducen los contactos sociales y las actividades de ocio, se ve afectada la actividad laboral tanto de la persona afectada, cuando aún está en edad de trabajar, como del familiar que ejerce de cuidador o cuidadora principal, lo que conlleva, además, una reorganización de la economía familiar.

Todo esto suele derivar en un aislamiento social que va avanzando a medida que progresa la enfermedad, provocando sentimientos de tristeza, apatía, fatiga y falta de motivación por aquellas cosas que antes sí interesaban.

Es fundamental acudir a aquellos profesionales, trabajadoras y trabajadores sociales, que nos pueden ayudar a conocer los recursos tanto públicos, como privados que existen en nuestro entorno para facilitar nuestro día a día, así como los trámites necesarios y los pasos a seguir para acceder a ellos.

Los grupos de ayuda mutua, las actividades grupales y las asociaciones para enfermos y familiares, son espacios donde las personas pueden volver a conectar, creándose redes de apoyo en un entorno de comprensión y empatía, que genera confianza y seguridad en las personas que participan.


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