La enfermedad de Parkinson es el segundo trastorno neurodegenerativo más frecuente, pero el camino para descubrir los mecanismos causantes subyacentes ha sido largo y complicado, y aún quedan muchas preguntas sin resolver.
A pesar de la creciente investigación de la nutrición en el Parkinson y de la existencia de recomendaciones generales, sigue faltando información clara y accesible y una orientación práctica que los pacientes puedan aplicar en su vida diaria.
Las siguientes recomendaciones tienen como objetivo, mostrar cómo una alimentación adecuada y un estilo de vida saludable pueden convertirse en una poderosa herramienta para mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.
La nutrición juega un papel fundamental en la gestión de la enfermedad y aunque no existe una dieta específica para esta condición, ciertas opciones alimentarias pueden ayudar a mejorar los síntomas y la calidad de vida.
Algunos factores importantes a tener en cuenta son:
• Inflamación: una dieta rica en alimentos procesados, grasas saturadas y azúcares puede promover la inflamación en el cuerpo, lo que se ha relacionado con la progresión del Parkinson.
• Estrés oxidativo: los radicales libres pueden dañar las células, incluyendo las neuronas. Una dieta rica en antioxidantes (frutas, verduras, frutos secos, legumbres y grasas saludables) puede ayudar a neutralizar estos radicales libres.
• Salud intestinal: el intestino y el cerebro están conectados a través del eje intestino-cerebro. Una microbiota intestinal saludable, puede influir en la inflamación y la función cerebral.
• Absorción de nutrientes: algunos nutrientes, como la vitamina D y el hierro, son esenciales para la función cerebral.
• Interacción con medicamentos: ciertos alimentos pueden interactuar con los medicamentos utilizados para tratar el Parkinson, afectando su eficacia.
Teniendo esto en cuenta, es hora de empezar a llevar la mejor alimentación posible.
Son varias las cosas que hay que tener en cuenta a la hora de alimentarse si se padece de la enfermedad de Parkinson, entre ellas la ingesta de proteínas y su interacción con la levodopa, el aumento de las necesidades nutricionales, los distintos síntomas de la enfermedad, los efectos secundarios de los medicamentos o las dificultades para comer o tragar.
La enfermedad de Parkinson incrementa el gasto energético debido a los síntomas motores, lo que a su vez eleva las necesidades nutricionales. Por ello, se recomienda una alimentación fraccionada en 5 o incluso 6 comidas diarias (desayuno, media mañana, almuerzo, merienda, cena y, si es necesario, una recena ligera). Esta estrategia nutricional ayuda a mantener estables los niveles de energía, mejora la absorción de nutrientes y puede contribuir a controlar algunos síntomas.


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