El Alzheimer es la causa más común de demencia en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 60 % y el 70 % de los casos de demencia corresponden a esta enfermedad. Se trata de una patología crónica y degenerativa que afecta a las neuronas, provocando un deterioro progresivo de las capacidades cognitivas y funcionales. Además, es una de las principales causas de dependencia en las personas mayores.
El envejecimiento y el aumento de casos
El envejecimiento es el principal factor de riesgo para desarrollar demencia. A medida que la población envejece, los casos de Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas aumentan significativamente. De hecho, se estima que en los próximos 20 años la prevalencia del Alzheimer se duplicará, convirtiéndose en un reto sanitario y social de gran magnitud.
Tratamientos para mejorar la calidad de vida
Las personas afectadas por Alzheimer, Parkinson y otras demencias necesitan un abordaje integral que combine tratamiento farmacológico (prescrito por especialistas) con intervenciones no farmacológicas. Entre estas últimas destacan la estimulación cognitiva, la terapia ocupacional, el entrenamiento funcional y la atención psicológica. Estas estrategias no solo ayudan a ralentizar el avance de la enfermedad, sino que también contribuyen a mantener la autonomía de los pacientes, retrasando su dependencia e institucionalización.
El papel fundamental de la familia
El impacto de estas enfermedades no solo afecta a quienes las padecen, sino también a sus familias y cuidadores. Brindar apoyo, información y recursos a los familiares es clave para mejorar la calidad de vida tanto de los pacientes como de su entorno.
Enfrentar el Alzheimer y el Parkinson requiere una mirada integral, en la que la atención médica, el apoyo emocional y las estrategias terapéuticas vayan de la mano para ofrecer una mejor calidad de vida a quienes lo necesitan.