Con la llegada del verano es habitual que cambien nuestros horarios. Las vacaciones escolares, las visitas familiares, los viajes o el calor hacen que los días sean diferentes. Sin embargo, para las personas con Alzheimer y Parkinson, mantener una cierta estructura en el día a día puede contribuir a que se sientan más seguras y tranquilas.
Esto no significa que no podamos disfrutar del verano o hacer planes distintos. La clave está en adaptar las rutinas sin perder aquellos hábitos que aportan estabilidad.
¿Por qué son importantes las rutinas?
Las rutinas ayudan a anticipar lo que va a ocurrir a lo largo del día. En las personas con Alzheimer, esto puede reducir la desorientación y la ansiedad. En las personas con Parkinson, una buena organización facilita la toma de la medicación, el descanso y la realización de actividades físicas o de rehabilitación.
Además, una rutina estable también puede beneficiar a las personas cuidadoras, ya que facilita la organización de los cuidados.
¿Qué rutinas conviene mantener?
Aunque el horario sea algo más flexible durante el verano, es recomendable intentar conservar:
Las horas de las comidas.
La toma de la medicación según las indicaciones médicas.
Un horario de sueño lo más regular posible.
La higiene diaria.
Las actividades que forman parte de la rutina habitual.
No es necesario que todo sea exactamente igual cada día, pero mantener una cierta regularidad puede resultar beneficioso.
Adaptar las actividades al verano
El calor hace recomendable cambiar el momento en el que se realizan algunas actividades. Los paseos o el ejercicio físico pueden hacerse a primera hora de la mañana o al atardecer, evitando las horas centrales del día.
También pueden aprovecharse las horas de más calor para realizar actividades tranquilas en casa, como escuchar música, leer, conversar, hacer ejercicios de estimulación cognitiva o compartir fotografías familiares.
¿Y si hay cambios?
Durante el verano pueden producirse viajes, visitas o cambios temporales en la persona cuidadora.
Siempre que sea posible, es recomendable preparar estos cambios con antelación, explicarlos de forma sencilla y mantener el resto de las rutinas habituales. Si la persona se muestra inquieta, conviene introducir las novedades de manera gradual.
No olvidemos a quien cuida
Las personas cuidadoras también necesitan descansar. Pedir ayuda, repartir tareas entre la familia o reservar pequeños momentos para uno mismo no es un lujo: forma parte de un cuidado de calidad.
Desde la Asociación os recomendamos…
No existe una rutina perfecta. Lo importante es encontrar un equilibrio entre disfrutar del verano y mantener aquellos hábitos que aportan seguridad y bienestar.
Cada caso es único. Escuchar las necesidades, respetar los tiempos y adaptar el día a día con cariño puede marcar una gran diferencia para toda la familia.

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